me he dado cuenta que estoy fatigado.
Me canse de todo el ruido exterior.
Me canse de las voces
que repiten monólogos.
De las maquinas
que transportan esas voces de un lado al otro.
Me canse, de buscar propósito
en ese bullicio absurdo.
Solo contemplando este magnífico espectáculo indomito y revelador,
puedo reflexionar que no hay bien más sublime
que el silencio,
y me refiero también al de mi propia voz.
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