Es su cuerpo cielo, que abraza el alba y el anochecer.
Se desprende de sus pupilas la Aurora, que de verdes praderas se ilumina.
Canto de arroyo fresco, su canto.
Aquel viento que sacude
a su antojo el bosque todo,
se rinde ante aquella muchacha.
Y la luna que es caprichosa
y solo muestra una cara,
se desviste de secretos
y cae embelesada por aquel cielo y sus estrellas, a sus pies.