Cuidame, por más que no me veas, cuidame.
Cuidame, y si mi tontera o capricho se niegue a ello, igual hazlo.
Las infinitas coronillas que caen sobre el espejo del cielo mientras las nubes rodean la ciudad te buscan para hacerte mi Reina.
Se sumerge y evoca en cada gota aquello vivido, se realza en plenitud tu boca ardiente de besos.
Pasan los días, los meses los años.
La ciudad hoy, suplica voces
y la distancia que se encajó entre los dos se hace adulta.
Donde esta el espejismo que traía tu imagen a mis ojos y me hacia buscarte, donde suena el eco de tu voz que hoy para mi es muda?
El límite del tiempo se acerca, y los otoños que amo, se clavan en mi piel como espinas.
Sonreíre más de una ves al decir tu nombre, y caerá también aquel rocio que dejará su huella de sal en mis mejillas, pensando ti.