martes, 24 de noviembre de 2020

Si tu lo quieres

Cuidame,  aunque estes lejos cuidame. 
Cuidame, por más que no me veas, cuidame. 
Cuidame, y si mi tontera o capricho se niegue a ello, igual hazlo. 
Las infinitas coronillas que caen sobre el espejo del cielo mientras las nubes rodean la ciudad te buscan para hacerte mi Reina. 
Se sumerge y evoca en cada gota aquello vivido, se realza en plenitud tu boca ardiente de besos.
Pasan los días, los meses los años.
La ciudad hoy, suplica voces 
y la distancia que se encajó entre los dos se hace adulta. 
Donde esta el espejismo que traía tu imagen a mis ojos y me hacia buscarte,  donde suena el eco de tu voz que hoy para mi es muda?
El límite del tiempo se acerca,  y los otoños que amo, se clavan en mi piel como espinas. 
Sonreíre más de una ves al decir tu nombre,  y caerá también aquel rocio que dejará su huella de sal en mis mejillas,  pensando ti. 



Lejos del mundo

¿Como suenan en el océano
las imperceptibles gotas de agua
que dejan caer las nubes
cuando no las escuchamos?

¿Son tal vez como la brisa
que recorre la ladera de la colina
y se mete con jubilo en la cálida playa que detiene la ola impetuosa?

lunes, 23 de noviembre de 2020

El humo de tu boca

Blanco suspiro 
que se pierde en aire.
Arrebata de mi, 
el dulce anhelo de tus labios.
Ese humo que escapa de tu boca
 se pierde infinito en la alcoba. 
El canto suave de tu risa
 resuena,  como el silencio de la Aurora.
Mientras la noche transcurre serena, 
la luna nos espía.
Cae sobre el asfalto la fría madrugada. 
Y la calle que oyó nuestros pasos 
aguarda con inquietud 
que volviermos a despedirnos con un beso.
Caminamos y otra vez el humo
 que escapa de tu boca 
se pierde para siempre 
como un suspiro. 


jueves, 5 de noviembre de 2020

Sin miedo

Me animé a  dar un paso.
Y tu camino de cristal 
se hizo añicos bajo mis pasos. 
Que te trajo a ese momento. 
Que la seda de mis actos 
te alejó más y más de mi sendero. 
Ya no hay sombras bajo el árbol, las hojas secas se disiparon con el viento y aquí quede, pendiente en mano y fuera de tu recuerdo. 

Como niños

Hablamos como niños a veces. 
Hablamos también como si fuésemos grandes. 
Llenamos los momentos de picardías e inocencia por estar bien. 
A veces la tarde nos sorprende otras veces la aurora. 
El silencio?... bueno el silencio, que podría decir de el? 
Cuando hablamos como niños,  decidimos serlo. 
La franqueza nos es un bálsamo que detiene el paso de los años. 
Cuando decidimos espontáneamente ser adultos nos vemos como niños. 
Como olas a la orilla de pronto, llega el beso.
Es igual que el sol en la cara.
Esos niños son el futuro que cada uno llevamos dentro. 
Aquellos adultos que solemos ser, despiertan cada día queriendo tener aquella inocencia.