No puedo regalarte la luna
pues quizá
ya lo han hecho alguna vez.
Tampoco quisiera privarle al poeta
de obsequiar a su Dulcinea
el encanto vivo de su luz.
Pero si puedo...
entregarte la humilde poesía
que envuelve su magia.
Su claridad sobre la rosa
Ese fulgor acariciando las olas.
La magia para escribirte.
Y la ensoñación que espera.
Así que me permitiré
en alas de su halo inconmensurable
darte aquello que jamás nadie podrá quitarte.
Te regalo de ella...
La risa encantada que nos brinda.
Y que a través de ti desata su fantasía,
cuando su estela invisible de tibieza nos envuelve.
Tu, eres la mágica hada
que permite soñar aún despierto.
Eres el rubor suave
que se haya en las mejillas inocentes de un niño.
Eres el canto sin prisa del ave cuando despierta la aurora.
Eres salitre que se siente
en los labios a orillas del mar.
Eres miel, fulgor y esperanza
Eres ideal y sueños.
Así eres tú...