En la colina podia verse su silueta
que iba y venía esperando que yo
me alejara de la casa para tomarle en sus brazos.
Desde mi ventana, a lo lejos
mientras el sol se convertia en crepúsculo y rompía la fría mañana
sus pasos vigilantes no hacían más que dejar la huella en el trigo dorado de aquel valle.
Eran largas las horas de mi ausencia que divagaban en fantasías crueles en mi mente, y acongojaban el corazón, que razgaba desde el evidente flagelo, todas las angustias del alma.
A mi regreso su fatigoso andar provocaba mil nudos en la garganta
y mis celos y cobardía, no se animaban a mover mis labios en busca de respuestas.
En la noche, cuando mis manos tocaban la seda de su piel en busca de los ríos que saciaban ayer mi sed, solo desierto hayaban, desierto y nieve.
Quien es, quien es?
Despertaba gritando, pero ella nunca dijo su nombre, su mudez me fue destrozando lentamente y mi odio crecía a la par que mis celos.
Día tras día, al alejarme de mi hogar, aquella silueta caminaba colina abajo.
Como un fantasma se escabulló entre las largas espigas que cada verano decoraban aquel sendero.
Mi corazón quería salirse del pecho, mis manos sudaban, mis ojos que se habían convertido en un fino cristal se segaron , y la hiel de mi aliento, espanto a cada ser de aquel camino marcado por aquella silueta que acompañaba a mi amada cada día desde el alba al atardecer
Quise saber quién se había apoderado de tu ser.
Quise saber, quien en mi ausencia se permitía oler el aroma fresco de tus cabellos, quien toca la calidez de tus manos, o quien saborea, de tu boca el beso, ese mismo que no besa mis labios.
Cierta tarde al volver a casa más temprano que de costumbre
aquella silueta y yo, nos cruzamos en aquel sendero.
Busque su mirada que se perdía bajo el ala ancha de su sombrero.
Sus ojos salpican fuego al mirarle
su juventud derrocha eternidad
su hermosura provocaba celos infinitos, aquella elegancia desmedida dejaba ver bajo su tapado un bastón que movía delicadamente con su mano.
Todo aquello arrancó de mi interior un ahogado y evidente grito de dolor, que soporte largo tiempo.
Parado frente a él le dije
Que quieres
Que buscas aquí
Déjanos en paz
Vete, Si que te viera era tu intención, aquí me tienes.
Solo me sonrió
Ya no volveré me dijo
Gracias respondí
Y me apresure para ir hacia mi amada.
Pero...
¿Quien eres tú pregunté?
mientras se alejaba silbando por el sendero
Se detuvo después de unos pasos.
Y sin darse vuelta me respondió
La muerte.
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