En la inevitabilidad de la vida, o en el incesante pulso del corazón hacia lo ineluctabe suelo pensar... como es posible dejar pasar ese abrazo, esa caricia en la espalda que transmite bienestar y nos devuelve la esperanza. Es como un empujon hacia adelante, es el grito que inflama el alma que dentro de la oscuridad ve a lo lejos como una luz diminuta va creciendo hasta convertirse el llama.
No hay comentarios:
Publicar un comentario