La pavorosa belleza es exánime ante aquel legado que trasciende las épocas.
La barbarie fruto de la agonía del alma, cae postrada ante mis píes,
y en mi semblanza ves la paz, y sin armas por blandir sólo se ve el fruto de la dicha por verte a los ojos.
Sin tiempos que recorrer
sin nada que reclamar vivo, nada es mas claro que el ahora frente a ti.
El arsenal, que como enemigo traías ante mis puertas es vano,
pues yo te doy cobijo,
compartire mis riquezas contigo,
mis comodidades, mi pan, mi vino,
y sólo lograras al atacarme, atacarte a ti mismo es allí donde se vera el verdadero amor que por ti siento.
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