salpican relámpagos.
Camina el reloj hacia la madrugada
y los truenos le acompañan.
Place a mis oídos el canto sutil de la lluvia
que cae deliciosa.
Aquí tibio en el refugio del hogar
disfruto de ese regalo.
Dichoso somos aquellos
que aún el el sacrificio diario,
podemos gozar de tal espectáculo.
La queja queda atrás
la esperanza, sustituye ese enfado.
Claros los días vendrán
y como en aquel ayer,
la luz de la bienaventuranza
se posará sobre mi Uruguay.
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