y yo me empeño en no dejarle ir.
En los nidos, el trino se detuvo
y tras el horizonte también te ocultas.
Suave como siempre en primavera,
el viento no deja de acariciar las ramas.
Algunas nubes se apresuran
parece que temen a la noche.
Desde Oriente, bruscamente llega
y se dispone a velarme otra vez la madrugada.
Cuanto frío puede sentirse
a unos pasos del verano.
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