Echaron flores
otra vez las amapolas
y las escarchas del invierno
volvieron a ser agua
La amarillez pálida
que ayer fue vergel
en esta otra vuelta al sol
se vuelve tierra y semilla.
El líquido vital
no quita la sed que siento
y los amaneceres y ocasos
son siempre uno.
Lápidas en vez de corazones
y es acerbo el recuerdo
que pesa en la lengua
como gotas de hiel.
La melancolía
nutre cada paso fútil
e impregna de cruel lejanía
aquella miel del ansiado beso.
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