La humedad de la arena de la orilla
enfría bruscamente mis pies.
Te pienso, te percibo, te presiento
al final de esta agua, allá en la otra costa.
Solitaria ola que bulliciosa cae ante mi como lo hace la súplica ante el Dios.
Milagro o maldición es la espuma
que con mágica presencia te nombra.
La noche nueva llegó orgullosa
y con fría altivez se posa sobre todo.
Las manos temblorosas
dejan caer al mar
la blancura excelsa del lirio
que como espuma
se pierde en la negrura eterna
de mis pensamientos,
esos, que se escapan
por detrás del ocaso
en esa tierra donde ella mora.
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