Despierta callada la ignota noche.
Del cielo, caen a mis pies las estrellas.
Murmuran mis pensamientos.
El ala del recuerdo roza mis sienes y las manchan de nieve.
La callada soledad se disputa espacios con el maldito insomnio.
Otra vez en la tela oscura de la noche, vuelven a migrar las estrellas... y mientras caigo rendido en el abismo sublime de tu mirada ausente, recorro lentamente todos tus pasos.
Que trágica melodía entonan ahora los tenues latidos de mi corazón.
El palpitar helado del lucero se arrastra tras el cristal de esta ventana.
Que aurora tan lejana me he perdido.
Un aura primaveral, se disputa con el último frío de la madrugada mis últimos momentos de sueño.
El día, como cualquier otro día, hace guardia del otro lado de la puerta.
Otra mañana.
¿Que es de mi hoy?
El día en silencio abruma, y esos pétalos caídos a los pies de su planta solo sugieren que el tiempo no espera.
Silencio, solo silencio quedo.
Como si el despertar fuese mi único castigo y la noche mi eterno infierno!
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