viernes, 21 de febrero de 2020

El Consuelo

Noche fría en la ciudad
El verano parece haber hecho una tregua. 
En lo alto la luna se oculta , tras la penumbra gris de las nubes. 
Tras los cristales se puede ver al viento agitar los vestidos verdes de los árboles. 
En las calles,  el ansia del destino apresura los pasos de la gente. 
La brisa que va y viene,  mezcla sin quererlo, los olores que la galerna empuja hacia todas partes. 
Camino con cierta prisa por la acera, y a unos metros de la esquina veo una mano extendida que sale del portal de un viejo edificio abandonado. 
Me asombra e inquieta.
Me acerco sin apartar mi vista de aquella muestra inequívoca de auxilio.
Al llegar comprobé la tragedia.
Mire a ambos lados, la oscuridad del lugar me preocupaba.
El chisporroteo de aquellos ojos conmovió ese instante en mi y me detuve. 
Nada me dijo, nada dije.
Metí la mano en mi bolso y le entregué lo único que tenía, mi cena.
Hoy volví a pasar por aquel lugar, hoy la prisa no es la misma, hoy nadie estiró su mano. 
Fue ese instante un consuelo que se dividió en dos?
O fue parte de esa adversidad el encuentro de las miradas que se encontraron y permanecieron en silencio?
Cada noche al llegar a casa saco de ese compañero mudo mi cena, y pienso en aquel momento. 
Que privilegiados somos por tener la posibilidad de dar.

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